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Andrea Pozo alta hospital
La gimnasta de 21 años abandonará el centro por su propio pie después de cinco meses de "dura" rehabilitación. Fotos EFE

Andrea Pozo emocionada por su inminente alta hospitalaria

Fernando Pérez Soto

La exgimnasta internacional Andrea Pozo aguarda “emocionada” el alta mañana viernes en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, al tiempo que se considera “muy afortunada” y una “privilegiada” tras recuperarse parcialmente del grave accidente de tráfico que sufrió en enero.

La joven deportista leonesa, de 21 años, abandonará el centro -de momento solo con el alta hospitalaria- por su propio pie después de cinco meses de “dura” rehabilitación, aunque reconoce en una entrevista por teléfono con Efe que todavía le queda “mucho camino por andar”.

Sin embargo, Andrea Pozo se siente “emocionada” por el hecho de poder abandonar el centro de referencia en tratamientos de graves lesiones, en su gran mayoría medulares, y afirma tajante que no tiene derecho a quejarse.

La gimnasta llegó a Toledo “con mucha esperanza“, pero sin demasiadas “certezas sobre el futuro”, y por eso ya considera “todo un logro” poderlo hacer en la situación actual, con secuelas pero caminando con cierta normalidad, a pesar de las graves lesiones cervicales y en la médula espinal.

Su vida a punto estuvo de truncarse en un inesperado accidente de tráfico una fría mañana de un 15 de enero en las carreteras leonesas, cuando se trasladaba como cada día al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de León. Allí dirigía los entrenamientos de las futuras gimnastas que han de ocupar su lugar y el de otras de sus compañeras, entre ellas la olímpica Carolina Rodríguez.

Fue intervenida en el Hospital Universitario de León por los doctores de la séptima vértebra y otra serie de lesiones medulares y, tras un breve periodo de recuperación, de inmediato empezó su fase más dura en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.

Siempre mantuvo la esperanza

“Cuando llegué no sabía a ciencia cierta cuál sería la situación final, aunque siempre mantuve la esperanza, porque los primeros síntomas -mantuvo cierta movilidad en las extremidades- me hacían ser optimista“, señala mirando hacia atrás en el tiempo.

Sin embargo, su etapa en Toledo se agravó sobremanera ya que tuvo que ser de nuevo intervenida quirúrgicamente para fijar la zona cervical -desde la C3 a la C7- por su parte posterior y, lo que es peor, la recuperación se complicó por la infección de la herida, lo que la obligó a pasar tres veces más por el quirófano.

De esta manera, solo a partir de mayo pudo retomar su actividad habitual de rehabilitación, que, al igual que para otros pacientes del centro, conlleva un duro trabajo de mañana y tarde entre el gimnasio y las terapias, alguna de ellas ocupacionales y de ocio.

“Lo primero fue lograr la transferencia de la silla y poco a poco intentar incorporarme, con muchos problemas al principio de estabilidad”, apunta.

A pesar de todo, Andrea Pozo ve todo este camino recorrido como “duro, pero bonito“, porque además, “aunque, quizá no se entienda, ayuda el ver que otras personas, por desgracia, están en una situación más comprometida y que luchan sin desmayo”.

Gran trabajo del hospital toledano

Destaca la empatía que se genera entre los pacientes del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo y remarca que su estancia en el centro se ha convertido en “en algo especial“. “De inmediato se entabla una relación muy personal, de conocimiento mutuo entre todos, de compañerismo y de apoyo los unos a los otros”, reconoce.

Sabe que su etapa en Toledo tan solo ha sido “la primera parte de la recuperación“, porque a partir de ahora llegará otra segunda en su ciudad natal, con trabajo específico para mejorar en muchos aspectos como fuerza o equilibrio.

También tiene claro que “nada será igual a partir de ahora”, porque hasta su faceta como entrenadora se verá, en parte, condicionada, y por eso valora “muchísimo” que pueda “hacer vida normal, condicionada, pero normal”.

La gimnasta que un día fue presentada como una de las posibles sucesoras de Carolina Rodríguez y que decidió abandonar la gimnasia con tan solo 20 años después de proclamarse campeona de España de conjuntos, se ve “transformada, otra Andrea” después de haber experimentado “una lección de vida”.

“El accidente y lo que ha venido después me ha llevado a “relativizar y valorar todo mucho“, concluye.

practicodeporte@efe.es

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