Rafa Nadal campeón US Open
Rafa Nadal, feliz tras ganar su décimo sexto Grand Slam. Foto EFE,

Extraterrestre Rafa Nadal; ya tiene su decimosexto Grand Slam

Israel Molina

Colosal, gigantesco, histórico, insuperable, legendario…Y así podríamos seguir horas y horas hasta agotar todos los adjetivos. Porque es imposible utilizar solamente uno al hablar de Rafa Nadal, que ya abraza su décimo sexto trofeo de Grand Slam.

Haciendo de la excelencia rutina, Nadal sacó adelante su final del Abierto de tenis de Estados Unidos con una naturalidad sonrojante, como el que cada día se lava los dientes al despertar, se toma un café o, sencillamente, se levanta de la cama. Así es el día a día de un número uno del mundo que no se permite relajación alguna.

Enfrente de Nadal, al otro lado de la red, estaba el ‘gigantón’ Kevin Anderson, un tipo que es capaz de arrancarte el brazo cada vez que pone en juego un servicio. Y un tenista que se presentaba a la cita sin miedos, sin nada que perder. Ambas armas sonaban a peligro para un Nadal obligado a ganar por currículum.

Victoria contundente

Pero nada derriba ni resquebraja la fortaleza mental del ya campeón de 16 ‘grandes’. El partido duró siete juegos, los que tardó el tenista de Manacor en arrancar de un plumazo las esperanzas del sudafricano. Cuando llegó el primer ‘break’, todos los males acudieron raudos a la raqueta del aspirante, que empezó a ser devorado por Nadal y por el contexto que lo rodeaba.

Nadal acabó desquiciando a un Anderson que no tuvo ninguna opción de meterse en el partido

Todo lo contrario pasaba por el lado de la pista de ese animal al que llamamos el mejor deportista español de todos los tiempos. Desatado y desencadenado con su tenis, los golpes ganadores caían todos de su lado, los errores no forzados del del rival y con el paso de los minutos, ni el cañón del servicio de Anderson inquietaba a un excelso Rafa Nadal.

El marcador (6-3, 6-3 y 6-4) explica por sí solo lo ocurrido en la Central. Tras ese primer ‘break’, Anderson quedó tan tocado que ya no se pudo recomponer. No varió su plan ni en el segundo ni en el tercero. Siguió siendo agresivo, sacando fuerte y jugando a pocos golpes. Pero ante cualquier planteamiento, Nadal siempre sabía combatirlo y encontraba la solución correcta.

El resto, clave

Nadal, celebrando uno de esos puntos que solamente él gana. Foto EFE.

Restando casi en la lona, Rafa fue capaz de poner siempre la bola en juego e incomodar a su rival, incapaz de encontrar soluciones en los peloteos. Cada vez que la bola cruzaba la red más de cuatro o cinco veces, el punto caía del lado español. Eso fue torturando a un Anderson poco acostumbrado al pico y la pala. El último juego, con servicio del manacorí fue el fiel reflejo de la final.

Anderson pataleando, duro, rocoso, pero Nadal siempre firme, en su sitio. Aguantó cada embestida de Anderson, sacó bien, se defendió bien y ganó. Como siempre, ganó. Esta vez con una volea, en las antípodas de su modus operandi, dando por cerrada esa evolución en su tenis que ya todo el mundo conoce.

El movimiento de pies, la velocidad de su primer servicio o el ‘drive’ paralelo son síntomas de cuando las cosas van bien, mal o regular en el el pupilo de Carlos Moya. Este domingo la maquinaría funcionaba a pleno rendimiento. Con un Nueva York soleado, con la Arthur Ashe repleta, lo de Nadal fue más una cita con la gloria que una final de Grand Slam.

Anderson, superado

Convirtió el partido en un tramite. Y lo hizo a base de todo lo contrario, de morder cada punto, de no permitirse un segundo de descanso y de desafiar las leyes de lo posible y lo imposible en cada golpe. Anderson nunca fue capaz de apuntar un ‘aquí estoy yo’. Se marchó del partido sin tener una sola oportunidad de romper el servicio del campeón.

Nadal, al igual que sucediera en Roland Garros, convirtió la final en su fiesta particular

Ya lo hizo en la final de Roland Garros ante Stan Wawrinka. Y lo ha repetido en la ciudad de los rascacielos. Es complicado de explicar, pero Nadal ha hecho de dos finales de Grand Slams, dos fiestas particulares, como si de una comida familiar se tratara. Cuesta de asimilar, pero hay que disfrutarlo, puesto que esto no será eterno.

No creo que nadie, ningún aficionado al tenis español, pudiera ni siquiera tener el derecho a soñar con que un paisano pudiera llegar a ganar un día no muy lejano 16 torneos de Grand Slam. Nadal lo ha hecho. Y no tiene pinta de que la cuenta se quede parada en este número.

16 Grand Slams

A 11 de septiembre de 2017, Rafa Nadal acumula 16 Grand Slams –10 Roland Garros, 3 Abiertos de Estados Unidos, 2 Wimbledon y 1 Abierto de Australia-, siendo el segundo mejor de la historia en esa faceta. Solamente tiene por delante a su eterno rival, Roger Federer, que acumula 19. No lo dirá, pero conociéndole ese récord debe estar en su cabeza.

Pero no se queda ahí la cosa. Aunque vestido de negro en la tarde-noche neoyorquina, su temporada es clara como el agua. De hecho, abandona Flushing Meadows con un número uno mundial totalmente consolidado y la sensación de estar mejor que nunca.

Este lunes cuando se haya levantado, haya desayunado y se haya vestido habrá experimentado unas sensaciones similares a las que tenía cuando noqueaba a Anderson en su vigésimo tercera final de Grand Slam, porque ya lo saben, Nadal convierte la excelencia en rutina.

practicodeporte@efe.es

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