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Begoña, Cecilia, Silvia, Noelia y Lorena tuvieron que hacer frente a tramos de ríos como este. Foto: Carlos de Torres

El viento y los ríos no son rivales del Reto Pelayo Vida

Carlos de Torres

El fuerte viento que azotó el valle de Kali Gandaki y el paso del río del mismo nombre no mermaron las fuerzas ni la moral del quinteto de mujeres supervivientes del cáncer que coronaron en Kagbeni, a las puertas de la región de Mustang, la tercera etapa del Reto Pelayo Vida Bike 2018, que revivió el recuerdo del primer conquistador de un 8000, el francés Maurice Herzog, quien superó el Annapurna en 1950.

Una jornada menos exigente que la anterior, de 37 kilómetros, que condujo al pequeño pelotón de ciclistas a la cota de 2.850 metros, no sin superar dificultades desde los primeros kilómetros. Tras algunos pinchazos llegó la prueba de cruzar el cauce del río Kali Gandaki, insuperable en época de monzones y atravesado por las protagonistas del Reto bicicleta al hombro y pies expuestos a las gélidas aguas de un cauce que obligó a repetir la escena en varias ocasiones.

Un río un tanto “particular”, pues a falta de fauna acuática, se reflejan en sus aguas placas numeradas con letras del alfabeto nepalí. Se trata de las matrículas que se desprenden de los camiones y coches que no tienen otras opción que atravesar sus aguas. Matrículas que fueron “pescadas” como recuerdo de la travesía.

Una etapa más amable entre localidades que ya muestran una clara influencia de la cultura tibetana: casas blancas de piedra con fardos de leña apilados en los tejados, donde se seca para el crudo invierno que se avecina, esculturas de Buda y pequeños templos con los molinillos giratorios de oración.

Viaje épico

El paso por la pequeña aldea de Tukuche despertó el recuerdo del alpinista francés Maurice Herzog, el primer héroe de los “ochomiles”, conquistador del Annapurna en 1950, cuando algunos pensaban que el ser humano nunca llegaría a esas cumbres al primer intento, como el alpinista, botánico y escritor británico Frank Smythe.

Herzog llegó a Tukuche el 21 de abril después de un viaje épico y allí instaló el campo base. Tenía 40 días para triunfar o regresar. El 3 de junio de 1950 alcanzó la cumbre, en compañía de Louis Lachenal, conocido junto a su compatriota Teray como “las locomotoras de los Alpes”. El que fuera político francés, fallecido en 2012, se sabía rodear de expertos, entre ellos de Gaston Rebufatt, “el guía del jersey de rayas”.

Un recuerdo para el Annapurna y sus héroes, aunque esta vez la montaña denominada en legua local “Abundancia de cereales” no quiso asomarse al paisaje por culpa de las nubes.

Begoña, Cecilia, Noelia, Silvia y Lorena

Por el valle más profundo de la tierra, donde se cultivas excelentes manzanas, el grupo compuesto por Begoña, Cecilia, Noelia, Silvia y Lorena llegó a Marpha, una preciosa y pintoresca aldea que ofreció una fugaz visita a su elevado templo budista, en lo alto de una colina desde donde se divisa toda la localidad con los tejados vallados por la leña que calentará las casas cuando bajen las temperaturas.

Reto Pelayo Vida
Las corredoras del Reto Pelayo en plena pedalada por el recorrido entre Kalopani-Kagbeni. Foto: Carlos de Torres

Una pista sin dificultades concluyó en Kagbeni, a un paso de la zona de Mustang, lugar restringido hasta hace pocos para el turismo, donde es obligado el pago de 500 dólares. Una jornada que concluyó al pie de la “Gompas” tibetanas, los templos de colores abalconados que ven en lugar privilegiado el devenir de los días.

“Ha sido un día mucho más tranquilo que el de ayer. Hemos podido ver el Daulaghiri y eso es un privilegio que no está al alcance de cualquiera. Hemos recuperado fuerzas y moral para afrontar las siguientes etapas, que falta nos hacia después de la durísima etapa de ayer”, señaló la catalana Noelia.

Cuarta etapa

Este martes esperan 29 kilómetros entre Kagbeni y Muktinah, con meta a 3.716 metros. Por medio el respeto a la altitud, como indica el responsable médico de la expedición, Mariano Morales.

“A 3.000 metros la concentración del oxígeno baja a un 70 por ciento, lo que obliga al cuerpo a compensar aumentando la ventilación, por lo que el corazón trabaja a un ritmo más alto, lo que se conoce como taquicardia”.

Según explica el médico del Reto Pelayo Vida, el llamado mal de altura “produce sensación de fatiga física y mental, y se soluciona descendiendo a cotas más bajas o tomando previamente fármacos para compensar el desequilibrio ácido base”.

practicodeporte@efe.es

 

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